sábado, 12 de abril de 2014

Odette vs Megan - Una mirada basta

The eyes are the mirror of the soul. Since then, the exchange of hot glances between Odette and Megan says a lot about their feelings about the rival. Do not you think?

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Los ojos son el espejo del alma. Desde luego, el intercambio de ardientes miradas entre Odette y Megan dice mucho acerca de sus sentimientos acerca de la rival. ¿No lo crees?

jueves, 10 de abril de 2014

Rencor - ¡Ya a la venta!

Con placer anuncio que mi cuarta novela, "Rencor", acaba de ponerse a la venta (por ahora en Bubok, en el futuro en Amazon). Como mis anteriores novelas, narra la rivalidad entre dos bellas féminas que terminan descubriendo que hay mejores formas de resolver sus diferencias que simplemente tirándose de los pelos. Si queréis sexo competitivo entre chicas, es vuestra ocasión :)

Pinchad en el enlace de abajo, y podéis adquirirlo por sólo 2'60 euros. Siendo 267 páginas, os sale a menos de un céntimo la página ;)


Además, me gustaría que fueráis dejando comentarios en la ficha de esta novela, y en las anteriores si os hicísteis con ellas. Aparte del gran favor personal que me hacéis, si hay suficientes comentarios regalaré alguna novela (antigua o una nueva si las tenéis todas) entre los que comentéis.

Muchas gracias a todos y a todas por vuestro apoyo.

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With pleasure I present my fourth novel, "Rencor" (in spanish), right now for sale (for now on Bubok, in future on Amazon). As my previous novels, narrates the rivalry between two beautiful females who discovering that there are better ways to resolve their differences than simply pulling hair. If you want to read about competitive sex between girls, that's your chance :)

Click on the link below and buy it for just 2.60 euros. Being 267 pages
goes less than one cent a page;)

http://www.bubok.es/libros/232517/Rencor (e-book)

Also, I like that everyone write a comment on the page of this novel, and earlier ones. It will be a great personal favor for me! And if there are enough reviews, I will give a free novel between you.

Thank you very much to you all for your support.


jueves, 27 de marzo de 2014

Mi DeviantART

Por mero aburrimiento, empecé a colgar montajes, gifs hechos por mí y algún que otro relato en mi perfil de DeviantART... y curiosamente, está yendo bien en cuando a visitas. Por eso, me gustaría compartirlo con vosotros, para que le echéis un ojo (o dos).

Especialmente, os recomiendo ver mi sección de favoritos, dónde encontraréis grandes imágenes de grandes artistas; y, también, que leáis el primer capítulo de "Rencor", mi próxima novela.

Gracias a todos y a todas. Aquí el link: http://anubisxrelatos.deviantart.com/

martes, 25 de marzo de 2014

Publicaciones en papel y una reflexión

Soy sincero: amaría tener mis novelas en papel. Y sé, por lo que me escribís algunos, que también os gustaría tener el formato papel para leerlas cómodamente en cualquier lugar. Por eso, siempre preparo mis e-books en un formato preparado para ser impreso, portada y contraportada incluidas.

Sin embargo, obviamente, no es lo mismo. Por desgracia, cualquier novela impresa resulta tan cara que resultaría invendible: nadie va a pagar, junto con gastos de envío, 20 ó 25 euros por un libro de 300 páginas. Es una locura. Tampoco una editorial va a interesarse por un fetiche tan "personal" como el nuestro, pues no mueve tanto dinero (ni me creo tan bueno escribiendo como para tener tal atención).

¿Cómo veis este asunto? ¿Hay suficiente gente con nuestros gustos como para plasmar nuestra pasión en una serie de obras -no sólo escritas por mí- en papel? ¿Habría mercado y movimiento? ¿O, como creo, somos una minoría -apasionada, claro-, pero minoría, al fin y al cabo?

lunes, 24 de marzo de 2014

Extracto de "Modelos"



"Impulsándose con sus piernas, la latina sorprendió a Milena con un inesperado empuje. Las amazonas cayeron sobre las sábanas, con Raica montando a su némesis. La lucha se encendió, con ambas usando la totalidad de sus cuerpos para dominar a la otra. Las largas piernas se trabaron y soltaron en desesperada reyerta, mientras sus duros huesos púbicos se estrellaban en dolorosos golpes sonoros. Raica notó cómo el abrazo de Milena se recrudecía, con sus brazos prensando su torso con tanta fuerza que creyó oír cómo su espina dorsal crujía. Inmovilizando a la rusa bajo ella, la brasileña aumentó la presión sobre el busto rival. Quizás su mente la engañó, jugando con su ego, pero la atractiva morena estaba segura de que podía percibir cómo los redondos pechos de Milena cedían, por fin, ante el aplastamiento que sus propias mamas ejercían sobre ellos.
—¡Suéltame, vaca gorda! —el insulto fue música para Raica, deleitando a sus oídos como la miel hubiera deleitado sus carnosos labios. Asegurando su dominio, forzó a la rusa a abrir sus piernas, usando sus propias extremidades largas en el cometido. Espatarrada y aplastada, Milena corcoveó bajo la morena, en vana tentativa por escapar.

—No vas a ir a ningún lado hasta que admitas quién ha ganado esto —yendo nariz a nariz con su antagonista, la top model brasileña bebió de la rencorosa mirada que brillaba bajo sus pupilas grises—. Ríndete, y quizás, solo quizás, te deje libre sin más humillaciones.
—No he cruzado medio mundo para dejarme conquistar por una burda imitación —Milena había tenido bastante con la actitud de su competidora. A pesar de sentir cómo sus senos eran batidos por el firme par de Raica, decidió dar a la otra hembra tanto como recibía. Reajustando sus brazos tras la sudorosa espalda rival, agarró su muñeca izquierda con su mano derecha y, tomando aire, descargó todas las reservas de fuerza que le quedaban en los músculos de los brazos. Los labios rosados de la morena escupieron una brusca exhalación caliente contra su boca carnosa, al tiempo que el cuerpo que la mantenía fijada perdía su irreductible pujanza durante medio segundo.
Milena no necesitó más. Explotando la ligera quiebra, logró rodar sobre su oponente, sosteniéndola con su abrazo contra el colchón.
—¡Jodida cerda! —gruñó Raica. La modelo castaña leyó frustración en la voz.
—No hemos acabado, furcia —le masculló.
—Claro que no, zorra. 
A pesar de su posición ventajosa, Milena todavía se sentía superada en dos aspectos: por un lado, sus orgullosas tetas seguían machacadas bajo la cruel presión de las mamas de Raica; por otro parte, sus entonadas piernas estaban aún dolorosamente abiertas, con los muslos de la otra modelo ejerciendo tensión desde el interior de sus propios muslos. La brasileña había logrado la mejor posición en ambas arenas de combate, y era difícil que la rusa pudiera recuperar el terreno perdido. No, al menos, sin un alto peaje que a estas alturas de la pelea no podía permitirse pagar.

Así, abrió otro frente. Dejando el abrazo, Milena lanzó sus manos hacia abajo. Resbalando con dificultades entre la piel sudorosa de su némesis y la superficie de la cama, sus dedos alcanzaron la tela que buscaban. Los ojos felinos de Raica se abrieron con sorpresa al sentir el contacto, pero ya era tarde. Milena tiró de sus bragas hacia arriba, haciendo cuña con ellas. La rusa solo pudo imaginar el humillante dolor que la otra fémina debía sentir en su entrepierna, pero el torcido gesto en la bella cara que tenía bajo ella ayudaba a plasmarlo. La morena se convulsionó contra su cuerpo, liberándola al mismo tiempo de sus dos presas.
—¡Puta! ¡Puta!
—Te lo has buscado, perra engreída —Milena estiró aún más la tela de las bragas, clavándolas despiadadamente en la entrepierna de la sudamericana—. Esto es por mis tetas y mis piernas.
—Me ha encantado aplastar tus pechitos, si es a lo que te refieres —sollozó Raica bajo el asalto. La castaña apenas podía creer la insolencia que escuchaba: era una maldita arrogante incluso cuando estaba siendo humillada.
—Antes de que la noche acabe, vamos a ver cuál par aplasta a cuál, morenita —graznó—. Pero antes, voy a asegurarme que no vuelvas a disfrutar de una polla en tu jodida vida.
Raica cerró los ojos y los dientes fuertemente al sentir otro tirón. Sus propias bragas, usadas como arma contra ella, se empotraron en sus labios vaginales; el áspero empalme hizo que se le saltaran las lágrimas, pero a duras penas logró apagar el chillido angustiado que quería surgir de su garganta. De alguna manera, y a pesar de todo lo ocurrido en la isla con Odette, Priya y la propia Milena, aquello le pareció la táctica más sucia y rastrera del universo. El dolor era casi tan intenso como la deshonra que recorría su cuerpo. En apenas unos segundos, había pasado de tener dominada a su amarga antagonista a ser mortificada por ésta. El peso del cuerpo y de los pechos de Milena empezaba a ser demasiado para ella;  parecía que estaba hundiéndose en el colchón, en el fin de su prometedora carrera…
Las yemas de sus dedos rozaron entonces una ligera tela, y Raica se dio cuenta de lo estúpida que había sido. La salida había sido tan obvia, justo ante ella, que no la había visto. Abriendo los ojos con rabia, clavó sus pupilas en los desdeñosos iris verdes de Milena y, sin perder un segundo, respondió a la humillación con humillación. Sobre ella, la castaña gimió, chocando labio a labio con ella mientras sus dos manos tironeaban de las bragas color violeta de su némesis. Una lágrima cayó sobre su ceja derecha, haciendo palpitar de placer el hasta ese momento encogido corazón de la latina.
—Prueba un poco de tu propia medicina, prostituta —jadeó. Su boca se frotó contra la contraparte carnosa de Milena mientras hablaba—. Si algún hombre está tan ciego como para querer meterse dentro tuya, no sentirás más que dolor, querida.
—¡Igual que tú, cariño!
Sobre las sábanas empapadas de sudor, las hembras empezaron una agónica guerra de tirones y zarandeos. La rusa no tardó en perder la posición superior, pero los intentos de Raica por recuperar el dominio no obtuvieron fruto. Las supermodelos rodaron de un lado a otro de la cama, destrozándose mutuamente los sexos entre gemidos cada vez más agudos y jadeos cada vez más desiguales. Las bragas empezaron a rasgarse, amenazando con desnudar completamente a las belicosas jóvenes, pero el padecimiento ante el cruel asalto doble descontroló antes a las muchachas. Milena gimoteó algo en su idioma natal cuando la morena liberó una mano para pellizcar uno de sus erguidos pezones, y Raica sollozó en el momento en el que la castaña mordía su barbilla. Un puño apareció de la nada, clavándose en el estómago de la brasileña, una milésima antes de que una palma abierta cruzase el enrojecido rostro de la rusa."
 

sábado, 22 de marzo de 2014

¡Mi cuarta novela!

Pronto, muy pronto, será publicada en Bubok y Amazon. ¡Espero que tenga la buena acogida de las anteriores!

domingo, 29 de diciembre de 2013

Tengo un defecto



Lo admito: es superior a mis fuerzas. Tengo una idea en la cabeza, me pongo a escribir... y lo que debería ocupar una página, ocupa veinte. Soy incapaz de acelerar una rivalidad, pues disfruto de los pequeños detalles, de describir cada jadeo, cada mirada, cada roce. Es mi defecto: de ahí que tarde meses en cualquier relato. Siempre hay detalles que escribir.

Pero... ¡qué coño! Lo disfruto muchísimo :)

"Cada vez que Katrina y Alanna jadeaban, sus bustos se hinchaban débilmente, trayéndolos a una presión lánguida pero competitiva. Con sus respiraciones agitadas, las chicas llenaron y vaciaron sus pechos lo más rápido que pudieron;  la pregunta sobre cuál de ellas poseía el mejor par siguió buscando una respuesta, dos horas después.
Cada vez que Alanna tomaba aire, podía sentir cómo sus mamas rivalizaban por el espacio con las tetas de Katrina. A esa altura del duelo, el desgaste mutuo era innegable, por lo que la morena podía percibir que sus pechos no ofrecían la resistencia de antaño ante la molienda de la rival; por suerte, los senos de la rubia tampoco exhibían la pétrea dureza de apenas unos minutos antes, por lo que el combate carnal continuó en igualdad de condiciones, pero muy cerca de su conclusión.
Ahora que se sentía incapaz de usar sus músculos como apoyo, Alanna supo que el control de su respiración era todo lo que le quedaba. Sus jadeos sonaban desesperados y desbocados, por lo que lo primero que intentó fue domar su propio resuello. Como si fuera instintivo, no tardó en emparejar sus jadeos calientes con los estertores de Katrina, logrando que ambas inhalaran y exhalaran al unísono, con perfección musical. Sus tetas se endurecían y agolpaban a la vez, desinflándose en la misma milésima de segundo, volviendo a aplastarse poco después. El caos respiratorio dejó paso a un ritmo lento pero metódico, con jadeos controlados al servicio de los demolidos pechos."

viernes, 27 de diciembre de 2013

Algo que escribí anoche...



Alicia terminó la escena con un poderoso salto, cayendo entre los brazos de Claudio, e inmediatamente un sonoro aplauso estalló entre sus compañeros. La escenificación había sido sublime, perfecta; Alicia era hábil, enérgica y preciosa, con unas dotes interpretativas espectaculares, una voz celestial y un talento natural para el baile. Con sólo 19 años, ya era una estrella emergente, por lo que todos y cada uno de los presentes sabían que pronto la bella morena dejaría atrás la modesta escuela de teatro musical para seguir con su fulgurante carrera.
María era, sin duda, la persona que más deseaba perder de vista a Alicia, aunque al mismo tiempo odiaría saber que su rival pudiera lograr un éxito que ella misma creía que le pertenecía. Desde hacía tiempo, María había sido la mejor actriz, cantante y bailarina de cada una de las ciudades en las que había estado. Debido al trabajo de sus padres, la joven había vivido en cuatro urbes distintas durante los últimos cuatro años: con 16 años fue la mejor alumna de la Escuela de Danza de Madrid; con 17, destacó como cantante y actriz en la Escuela de Artes Escénicas de Toledo; el año pasado, recibió las más altas calificaciones en la Escuela de Canto de Sevilla; hoy día, con 19 años, ya era la chica más destacada en la Escuela de Teatro Musical de Barcelona… junto con Alicia.
Mientras el aplauso —del que María no participaba— se apagaba, la virtuosa muchacha torció el gesto. Aunque odiaba admitirlo, los movimientos de la otra belleza habían sido perfectos. No sólo técnicamente, pues Alicia parecía sentir la música como sólo María podía hacer: con su cuerpo respondiendo por instinto a cada nota como si estuviera sincronizado con la melodía. Desde su butaca, la joven clavó sus ojos melados en la otra morena, analizándola con cierta sensación de hostilidad mientras ésta descendía del escenario entre felicitaciones.
«Sinceramente, nunca he dejado de estudiarla», admitió, recordando su primer día en la escuela. Desde el principio, había detectado en Alicia a una rival en potencia, y no solamente como antagonista en la obra que preparaban: físicamente, la presencia de la otra mujer era mentalmente desestabilizadora, dadas las innegables similitudes entre ambas.
A varios metros de María, Alicia sonreía a la directora de la obra, y de la escuela. Los halagos de Paola Blanco, una antigua estrella del mundo de la danza y del teatro, eran sentidos por la muchacha como una recarga energética de su ego, pues cada piropo recibido era un piropo que no recibía su rival, María. Incluso ahora, inmersa en una conversación con la directora, Alicia podía percibir dónde se hallaba su mayor competidora; de reojo, la vio levantarse, como si cada movimiento de la chica atrajera su atención con calor.
—Disculpe, señora Blanco —dijo con aquella voz tan dulce como sugerente. Girándose, Alicia se dirigió a las butacas, al mismo tiempo que María se acercaba al estrado para realizar la misma escena que ella acababa de ejecutar con Claudio. Intencionadamente, las chicas se buscaron en el camino, con sus ojos trabándose por enésima vez en el último mes y medio. Viéndose reflejada en los ojos melados de María, Alicia entrecerró sus ojos verdes. La rápida degeneración en la relación entre ambas tras apenas seis semanas apenas la sorprendía, dada la vanidad que rodeaba a cada una de ellas.
Como si el tiempo se ralentizase, la pareja fue acortando la distancia mientras comparaban sus agraciados rostros como si fuera nuevamente el primer día. Una y otra se negaban a aceptar la totalidad de la belleza ajena, reduciendo cada virtud ajena con envidiosas calumnias mentales. Sólo sus corazones eran realmente sinceros, aunque sólo en sus profundidades más escondidas, pues ellos entendían más allá de la razón tergiversada que los paralelismos entre sus caras y sus cuerpos eran el origen de aquella deformación de la realidad.
A cinco metros de la otra, cada estrella de la danza y del teatro alejó con deslumbrante luz cualquier atisbo derrotista por parte de sus ingratos corazones. Así, las chicas se compararon arteramente, desprestigiando mentalmente cada envidiable rasgo ajeno. María y Alicia compartían las mismas características faciales, con ojos almendrados, pómulos sonrosados, narices delgadas y labios carnosos. Sus pieles eran tersas y delicadas, como correspondía a sus edades, pero también deliciosamente níveas, por lo que cuando cualquiera de ellas cubría sus gruesos labios con carmín, como en aquel momento, el rojo destacaba portentosamente en contraste con el cutis. Aquellos rostros de atractivo sólo negado por la rival estaban enmarcados por melenas igualmente largas, igualmente lisas e igualmente oscuras, con una línea dividiendo las fabulosas cascadas de filamentos sedosos en dos por el centro en preciosa simetría. En realidad, Alicia y María habían cambiado de peinado apenas una semana antes de conocerse, alisando sus cabellos ondulados para empezar el año académico con un nuevo y favorecedor aspecto. Hubiera sido fácil para cualquiera de ellas dejar de plancharse el pelo y regresar al estado anterior, pero de alguna forma creían que aquello sería una concesión ante la otra chica… y eso era impensable para ambas.
Antes de poder bajar la vista para analizar el otro cuerpo, las dos rivales se cruzaron. Intencionadamente, hicieron chocar sus hombros con una mezcla de sutileza y aspereza. No era la primera vez que lo hacían, sin embargo; de hecho, se había convertido en un hábito desde que, sólo minutos después de haberse conocido, sus hombros hubieran colisionado sin intención alguna en el pasillo de entrada al edificio. Esa chispa inesperada había sido el origen de todo, pues había provocado el primer intercambio de miradas, el primer examen sobre la oponente, el primer reconocimiento de la rivalidad naciente. La relación no tuvo la posibilidad de nacer con afecto, pues la hostilidad había existido desde el génesis.
Sentándose en una butaca, Alicia tomó aire para calmarse y para observar con todos los detalles posibles la actuación de María. Algunos compañeros se acomodaron junto a ella, seguramente buscando su atención, pero el interés de la morena estaba centrada exclusivamente en la chica sobre el escenario. Sin perder un segundo, María y Claudio empezaron a moverse por el estrado, repitiendo la escena que ella misma acababa de realizar. Alicia era capaz de autoengañarse cuando estudiaba la belleza de su rival, pero encontraba prácticamente imposible hacer lo mismo cuando la veía actuar. Desde los 16 años, Alicia había compartido escenario con multitud de jóvenes de ambos sexos, primero en la Escuela de Artes Visuales de Zaragoza, luego en la Escuela de Danza de San Sebastián, y ahora en la Escuela de Teatro Musical de Barcelona. Algunos de sus compañeros habían sido especialmente brillantes pero, a su pesar, nunca había visto nada cercano a María. La otra morena era asombrosa bailando, cantando y actuando, con cada gesto destilando poderío y sensualidad al mismo tiempo.
Mientras María agitaba su larga cabellera oscura de un lado a otro, moviendo su curvilíneo cuerpo al ritmo de la música y alrededor de Claudio, Alicia volvió a examinar el cuerpo de la chica de arriba abajo, como hacía en cada ocasión que tenía. Siempre, sin embargo, recibía el mismo resultado, aunque su ego nunca titubeaba a la hora de rebajar las virtudes evidentes de la figura de María. La otra joven vestía el mismo conjunto que ella, apenas un escueto top morado y unos vaqueros cortos, por lo que Alicia no tuvo dificultades en observar cada curva de su oponente. Los pechos de María eran pequeños, firmes y redondos, capaces de bambolearse sugestivamente a pesar del tamaño. Su desnudo vientre, plano y terso, mostraba un ombligo insoportablemente morboso. Las nalgas de la chica, por su parte, se exhibían como dos obras de arte, como dos esferas duras y respingonas imposibles de olvidar. La cintura y las caderas formaban una curvatura indecente, sensual, una línea sinuosa nacida del perseverante ejercicio.
Desde el punto de vista de cualquier de los presentes, cada una de esas cualidades de María clonaban cada atributo de Alicia a la perfección, pero no para la propia Alicia. Ella era incapaz de aceptar que sus senos, sus caderas, sus abdómenes, sus cinturas o sus traseros eran idénticos en densidad, curvatura, tersura y tamaño. Alicia, igual que María, jamás podría admitir que ambas eran prácticamente gemelas, más allá de pequeñas discrepancias faciales como el color de ojos, el grosor de las cejas, la forma de las barbillas o el tono natural de los labios. Una y otra estaban tan centradas en la rival que realmente ninguna se había dado cuenta de cómo todos, absolutamente todos sus compañeros las comparaban continuamente, asombrados ante la certeza de que no eran hermanas o, al menos, primas.
Sin embargo, si había algo que todos contraponían a cada momento, eran las piernas de las chicas. De hecho, ellas mismas estaban obsesionadas con el tema. Como buenas bailarinas, ambas tenían unas extremidades inferiores ciertamente fuertes, de muslos poderosos y pantorrillas musculosamente femeninas. Curiosamente, con sus 167 centímetros de altura, ninguna era especialmente alta, por lo que sus piernas tampoco eran demasiado largas, pero la increíble definición que poseían era la envidia de cualquier mujer, incluso de las más altas. Tanto Alicia como María creían fervientemente que sus mejores activos eran sus piernas, por lo que saber que su contrincante también tenía en alta estima la misma parte de su cuerpo sólo pudo empeorar la ya de por sí tensa relación entre las bellezas. Con María flexionando con orgullo los músculos de sus piernas sobre el escenario, Alicia gruñó por lo bajo, deseando en secreto descubrir qué par era el más fuerte, el más resistente.
«Pueden parecerse por fuera, pero sé que las mías son mejores», se dijo con cierto mal humor. No importaba que comparase la tersura, la potencia o la consistencia de unas piernas con otras: ambos pares parecían idénticos en cada aspecto; tanto, que incluso la mente envidiosa de Alicia era incapaz de despreciar las piernas de María del mismo modo que hacía con sus pechos, sus glúteos o sus caderas.
Los aplausos despertaron a Alicia del férreo examen corporal. Apretando los dientes, sintió cómo el odio hacia la otra morena empezaba a ser insoportable. Por delante, casi ocho meses de curso esperaban a la chica. «Es demasiado tiempo», pensó. En un mundo tan competitivo como el mundo de la danza, el canto y la actuación, ocho meses eran demasiados para que dos estrellas con tal nivel de destreza y brío pudieran convivir en armonía. Pero Alicia no se engañaba, pues entre ellas había algo más que una simple competición por el título de mejor artista de la escuela. Cierto, eran las mejores bailarinas, las mejores cantantes y las mejores actrices de la ciudad, de la provincia y, quizás, del país, pero sobre todo eran dos bellezas espectaculares, capaces de robar la atención de cualquier aspirante a modelo con sus rostros perfectos y sus cuerpos llenos de curvas. En un lugar tan pequeño como la escuela, no había sitio para dos hembras alfas como ellas, terriblemente sexys, increíblemente talentosas. La sensación era harto difícil de soportar, sobre todo cuando una de ellas veía a su némesis sobre el escenario; era entonces cuando belleza y aptitud se unían en un cóctel que agitaba el interior de la chica que observaba…
Ese cóctel, peligroso y mortífero, no tardaría en explotar.

domingo, 22 de diciembre de 2013

¡Oferta de Navidad!

¡Oferta de Navidad! Desde hoy y hasta el 26 de Diciembre, mis dos primeras novelas... ¡¡por sólo UN EURO!!

Christmas Offer! From today until December 26, my first two novels... for only ONE EURO!!

http://anubisx.bubok.es/